Saturday, September 24, 2011
copiado.. Manifiesto de amor a la rumba - Umberto Valverde 12/25/07
Suenan los tambores y las maracas, se oye el tintineo del vaso, es un sentimiento que te arrastra y no puedes con él, es la fiesta del pasado, de tus ancestros, como el tambor toca el tambor, la cadera se mueve, los pies marcan el paso, la hija de Yemayá está entre nosotros, Caridad expresa el deseo, la luna llena ríe, noche de selva, es la voz que te incita, se formó la rumbantela, es la rumba que enloquece, esa que nació en el patio, a la que nos asomábamos agarrados a la ventana, a la que empezamos a ir en las tardes de los domingos, estrenando camisas de colores.
Nicolás Guillén escribió: “Cuba sabe hace mucho tiempo que ella es mulata”.
Cali, con ancestros negros como lo registró Jorge Isaacs en María, se transformó en la tercera ciudad negra de Latinoamérica. Asumió la cultura del Caribe siendo una ciudad del Pacífico. La salsa es otro nombre para la rumba, el son y el guaguancó.
Cali encontró su melodía en los finales de los años treinta hasta que se hizo hegemónica en los setentas. Ahora es el sonido de su corazón. Es la rumba que instituyó Tito Cortés y Raúl López en el barrio obrero.
La rumba eterna
Es diciembre: entran las trompetas de la Sonora Matancera en tu infancia, resuena la pachanga en tu adolescencia, explota la salsa, Chocolate Armenteros hace el show en el CAM, Oscar de León corre por la pista del Pascual Guerrero para llegar a la tarima del Festival de Orquestas, Celia Cruz hace coros con Pacheco, Jairo Varela canta Ana Milé, Daniel Santos seduce una adolescente caleña, Henry Fiol se luce con su sombrero rojo, Diana Vargas, con su cuerpo divino, canta Caleño; Celio González suena en las emisoras con el tema de siempre, Otra Navidad; baila hasta que no puedas más, ya la Sonora Matancera se fue, ahora es el Gran Combo. Repetida, pero maravillosa, es la rumba eterna, que viene de tu sangre, de tu amor por la música, de tu amor por bailar, porque te sale de adentro, natural, es lo que tú eres, no importa el futuro, la rumba es el hoy, es el presente, sólo necesitas estar vivo.
De barra en barra, grilles que ponían luces negras cuando sonaba un bolero, el momento del amacize, la pachanga que no cansa, la salsa brava, el discómano tira su concierto y no quiere que le hagan peticiones, las sardinas con vestidos de seda, lociones finas hasta en los pies, los bailarines desgastan la baldosa, entusiasman a las adolescentes que llegan para descubrir el mundo, el mambo que bailaba Resortes, el mambo de Machito y Mario Bauzá en Nueva York, o los mambos bogotanos de la 33.
Cada uno a su sitio
La rumba acosa, en el sur tienes a la Bodeguita Cubana, en el norte a Zaperoco, Siboney se traslada para Yumbo, Juanchito sigue en lo suyo, con el río Cauca como decorado, en el sur, saliendo a Jamundí, encuentras a Las Brisas, los rumberos bravos van ahí, tiene la misma fuerza de Cangrejos, de Escondite o de El Abuelo Pachanguero, sesenteros o los bailarines de las escuelas de salsa tiran paso, todos con el mismo sentimiento, con el mismo sabor.
En toda rumba que se respete hay una mujer, ajena o propia. Ahí está a tu lado, o cerca de ti, sola o acompañada. Es el centro de la noche, rubia o negra. Adolescente o llegando a los treinta. Con ese sabor para bailar, dar la vuelta y mover su cintura. Algunos bailan solos, pero una mujer hace mejor la noche. Es la posibilidad de bailar un bolero, de tenerla cerca, mirar frente a frente sus ojos, azules o negros, retener sus manos, apretándolas, hasta que el fuego de los cuerpos confluye.
Es lo que todos los rumberos buscan, el baile de la noche, el clímax. Ahora también hay otro tipo de mujer: la que va sola y se comporta como un hombre, selecciona y escoge. Baila cuando quiere y se va en el momento que lo desea.
El rumbero se extrovierte y se toma confianza: empieza cantando a pedazos las canciones, cuando suena un buen tema le hace gestos de aprobación al disjockey, se convierte en músico con las manos, toca en la mesa y en los asientos, baila sobre la baldosa, y se magnifica cuando tiene instrumentos a la mano, maracas y timbales. Un muchacho de gallada nos dijo una vez, tratando de enfatizar el miedo que inspiraba y el respeto hacia su mesa en Cangrejos: “Que se respete el cuadrado de mi soledad y no pasará nada”.
¿La última rumba?
Cali es una rumba: es un imaginario universal. Rumba que nos exalta y por la cual vivimos y, un día, moriremos.
Mamá, Yo quiero saber de dónde son los cantantes.
No lo preguntes, si quieres cantar, canta. Si quieres bailar, baila. Es lo tuyo, lo tienes dentro de ti, sácalo con sentimiento, con estilo. Es la diferencia, para que lo digas de frente: esta es mi rumba.
La rumba de Arsenio Rodríguez, la rumba de Caíto y Papaito, la rumba de Tito Puente, la rumba de Miguel Matamoros, la rumba de Cortijo, de Maelo y Héctor Lavoe. La rumba de Jairo Varela y Alexis Lozano, la rumba de Marlin Murillo y Benicia Cárdenas, la rumba de Yuri Buenaventura. No te sobra tiempo, tómate tu trago, brindemos por la vida que es lo único que nos queda. Este jolgorio no se termina. La fiesta está empezando.
Me curo con rumba
Bailando me arrebato el corazón.
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