Por un momento se detuvo el tiempo y sin más pregones y por primera vez, me senté a ver como disfrutaba la noche, como bailaba ese disco que siempre baila con la mama, agarrada de un pañuelo y con orgullo en el centro de la pista, cayo sudor por su cara y el escote trasero de su blusa se empañó de un sudor exquisito untado de felicidad; esa felicidad que solo produce la armonía de su cuerpo con el eco de alguna melodía sabrosa.
Era solo ella, la protagonista de la noche, su noche; en la que todo se torno en magia a medida que pasaban las horas. Daba gusto mirarla. Descubrir es su mirada la satisfacción de haber encontrado esa alegría en sí misma, y el poder liberar todos esos calores internos mientras agarrada de un pañuelo sacudía sus delicadas caderas.
Esta soleado afuera.
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